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Gran aventura Thailandia

Lago de Bungsamran en Bankok

 

Nos encontrábamos a mitad de nuestro viaje por Tailandia cuando nos llegaron noticias inquietantes desde el norte del país que nos obligaban a hacer un cambio de planes. La inestabilidad política del país fronterizo Birmania había provocado un éxodo masivo al norte de Tailandia. Nuestro plan era desplazarnos desde Phuket vía Bankok al norte del país, más concretamente a la provincia de Chiang Mai para pescar en un afluente del río Mekong. Finalmente decidimos que lo mejor era cancelar el viaje puesto que las garantías de abastecimiento eran mínimas. No podíamos arriesgarnos a no tener comida occidental y menos todavía a que nos faltara agua potable. Jonas Nyqvist el capitán de nuestro barco nos puso en contacto con Neil Robinson, amigo personal y guía de pesca de agua dulce. Neil nos aconsejo no complicarnos la vida y nos propuso pescar en Bungsamran. En un principio la idea no era de nuestro agrado puesto que no nos gusta pescar en lagos privados, pero no nos quedaba otra alternativa. Era demasiado precipitado organizar otra cosa, y además en la mayoría de los vuelos ya no quedaban plazas. Así que optamos por hacer una reserva de dos días en Bungsamran, no era la aventura que buscábamos pero la diversión estaba garantizada. La noche del 14 de diciembre llegamos a la ciudad de Bankok, una urbe con diez millones de habitantes censados y muchos más sin censar. Una ciudad francamente fantasmal, al margen de los palacios y los templos que son de una gran belleza, el resto de la ciudad es un inmerso hormiguero, un laberinto de calles grises con cientos de puentes que se entrecruzan y una contaminación que obliga a la gente a llevar mascarilla. Nos alojamos en un hotel de calidad media donde solo se hospedan los propios Tailandeses, nos trataron bien pero nos miraban como si fuéramos unos bichos raros.

Día 15 diciembre, la primera Carpa de Siam!

A las 7 de la mañana cogimos un taxi y al cabo de 40 minutos de intenso tráfico llegamos a Bungsamran. Nos esperábamos unas instalaciones relativamente sencillas, pero nos encontramos con un autentico parque de atracciones. Restaurantes, tiendas de pesca, supermercado, duchas limpias y casetas completamente equipados…simplemente alucinante! El lago es relativamente pequeño de 500 metros x 300 metros rodeado de casetas construidos sobre postes de madera. El agua del lago bullía de peces, cada segundo se producían varios saltos de peces y se veían asomar multitud de lomos. El primer pensamiento fue: “ Buffff, aquí nos vamos a poner las botas de coger grandes siluros y carpas del Siam”. A las 8:30h. de la mañana llegó nuestra persona de contacto, el Sr.Neung un pequeño Tailandés de unos 50 años. Posteriormente supimos que era uno de los pescadores más experimentados de este lago y que aparece en muchas de las fotos de las mejores capturas realizadas, y es que 10 años de experiencia no es poca cosa. Antes que nada, pienso que es importante explicaros el origen de este lago. Lo que hoy en día es el lago, antiguamente era una mina al aire libre que posteriormente se convirtió en lago gracias al agua aportada por las lluvias y unos pequeños canales que lo abastecen. Por lo visto comenzó a funcionar como lago en el año 1984, en aquella época ya fue repoblado con peces de tamaños importantes. Hace pocos años era un lugar de diversión para unos pocos ricos, hasta que fue descubierto por pescadores extranjeros que fueron los que hicieron este lago mundialmente famoso. En estas aguas se han pescado bastantes record IGFA, personalmente no entiendo porque los aceptan como record, puesto que no son aguas abiertas…, pero esta es otra historia. Teníamos muchas ganas de pescar pero tuvimos que esperar hasta las 9:30h para poder acceder a nuestra caseta. El Sr.Neung trajo consigo todo el material necesario, tres buenas cañas de una potencia de 30 lbs . con sus respectivos carretes Shimano Baitrunner 6500B. Lo primero que hizo es preparar el engodo que se utiliza como cebo. Para ello trajo consigo un saco de 25 kilos de harina de diversos cereales, varios litros de leche de coco y un bote verde de 100ml de un aroma difícil de definir. Primeramente preparo el engodo para la pesca del siluro, para ello diluyo un poco de leche de coco en una botella de agua y posteriormente le añadió el aroma. A continuación fue vertiendo la mezcla en una palanca grande donde anteriormente había puesto unos kilos de harina. Mediante movimientos circulares iba mezclando el líquido con la harina, poco a poco y con mucha paciencia. El resultado final no fue un engodo como el que nosotros conocemos, sino una harina humedecida que solo se compactaba amasándola con mucha fuerza. El engodo para la carpa de Siam solo lleva harina y leche de coco, no se le añade agua y ningún tipo de aroma. El montaje para el siluro es relativamente sencillo, se pone una goma como tope, sobre la línea madre se pone una perla de plástico. A continuación se coloca un flotador de espuma con emerillón, parecido al que utilizamos en carpfishing para sondear o medir la profundidad. Continuamos el montaje poniendo una perla, un emerillón y un pequeño tramo de trenzado sobre el que va una perla, un muelle cebador, otra perla, un emerillón y finalmente el bajo trenzado con un anzuelo del Nr.1/0 sin muerte. El montaje de carpa es mucho más sencillo, es igual al del siluro a excepción de que no lleva flotador porque se pesca a fondo. El engodo se amasa sobre el cebador hasta conseguir una bola perfecta. Para la pesca del siluro se hace una bola de un tamaño un poco mayor que una pelota de tenis y para la Carpa de Siam casi del tamaño de un balón de fútbol sala. El bajo tiene que tener la longitud suficiente para llegar a la mitad de la bola, al anzuelo se le ponen dos bolitas de corcho blanco para que dentro del agua se quede flotando a la misma altura. Los siluros se quedan clavados cuando mordisquean la pelota y las carpas cuanto intentan absorberla. Al margen del carpfishing, es la primera vez que veo pescar dejando al descubierto el anzuelo. Nos dispusimos a pescar con tres cañas, dos al siluro lanzando al centro del lago y una a la carpa pescando cerca del poste de la casa. Las boyas bailaban y se hundían un poco, pero no hubo ninguna picada, así que a los 15 minutos sacamos las cañas y nos dimos cuenta que se habían comido los cebos! Volvimos a poner engodo en las cañas y lanzamos de nuevo al centro del lago. Estábamos hablando cuando de uno de los carretes comenzó a salir hilo a toda velocidad. Abel se agacho rápidamente, agarro la caña, cerro el freno y le dio un buen cachete. La caña se doblo y a pesar de que el freno estaba bastante apretado continuaba sacando línea. Le costo un poco frenarlo y con mucha paciencia lo pudo acercar hasta la orilla, la lucha fue muy buena si tenemos en cuenta que estábamos utilizando un equipo muy potente para pescar en agua dulce. Una vez en la orilla, se dio a la fuga algunas veces hasta que se finalmente se dio por vencido y subió a superficie donde rápidamente lo ensalabramos. Era un siluro llamado “Striped Catfish” de 12 kilos, un pez muy interesante y combativo. En inglés Striped significa rayado, la verdad es que no tiene ningún tipo de rayas así que no sabemos de donde proviene el nombre. Las siguientes horas fueron frenéticas, cada 15 – 20 minutos teníamos una picada, cada uno sacamos al menos tres Striped, todos de pesos comprendidos entre los 8 y los 15kg. Mientras las cañas lanzadas al siluro eran un autentico frenesí, en la caña a la carpa no tuvimos ni picada. A medio día tuvimos una picada en una de las boyas, antes de que comenzara a sacar línea le di un buen estirón para clavarlo bien. La lucha en agua abierta fue buena, lo mejor vino cuando el pez ya estaba cerca de la caseta. Cada vez que estaba cerca de la superficie se iba otra vez a fondo, nadaba de un lado al otro de la caseta y aprovechaba la mínima descuido para intentar meterse entre los postes. Me tuvo así durante más de diez minutos, hasta que finalmente me cansé. Le apreté el freno a tope y forcé la maquina hasta que conseguí subirlo a superficie. Me quede asombrado porque esperaba un pez de mayor envergadura que el que tenía dentro de la sacadera, la gran alegría es que era un siluro de otra variedad. Era un Siluro del Mekong de 15 kilos, uno de los peces que veníamos buscando ya era nuestro! El combate fue mucho más duro que el de un Striped Catfish del mismo peso. La tarde fue todavía más frenética que la mañana, a medida que pasaba el día el número de picadas de Siluros de Mekong era mayor que el de los Striped. La gran mayoría de los peces no llegaban a los 15 kilos, a excepción de dos ejemplares que pesaron 18 kilos.

Alrededor de las cinco de la tarde tuvimos una picada muy fuerte en la caña de la carpa. Abel la clavo pero no pudo hacer nada para frenarla, por desgracia a los 15 segundos de combate se le desclavo. La descripción de su contacto con el pez fue que tiraba como una locomotora, pero no de una forma continua como lo hace un siluro sino dando tirones bruscos como si estuviera dando acelerones. Poco más tarde arranco una de las cañas al siluro, lo clave fuertemente e intente traerlo hacía la orilla. Me quede con las ganas, a pesar de que el freno estaba muy apretado no paraba de sacarme línea del carrete. No había forma de frenar a esta bestia! Me saco más de 150 metros , por suerte en dirección a la orilla de enfrente. Pude recuperar unos 50 metros hasta que decidió cambiar de sentido y irse a la derecha en dirección a las casetas. Le apreté el freno a tope, pero no paró de tirar hasta que reventó la línea de un 0.60. Me quede como atontado, jamás hubiese imaginado que un pez de agua dulce pudiera tener tanta fuerza! He pescado bastantes siluros de 2 metros en el Ebro pero ninguno de ellos fue capaz de generar tanta fuera y potencia. Según Neung se trataba de un siluro del Mekong de unos 40-50kg, menos mal que no se trataba de un ejemplar de los de 80kg ! A última hora de la tuvimos una picada en la caña de la carpa, Abel la clavó y la saco rápidamente. Sorpresa !!!! Había pescado una de las carpas más pequeñas del lago. Bueno, mejor dicho la más pequeña, Neung nunca había visto una Siam tan pequeña, no llegamos a pesarla pero no pesaría ni un kilo. En fin, la cuestión era que habíamos logrado pescar una Siam y además el record de Baby Siam era nuestro!

Durante la tarde vimos algunos saltos de Siam, no se parecían en nada a los de una carpa normal. Salían del agua como una flecha y entraban al agua sin apenas golpear la superficie, era un espectáculo impresionate! Cada vez que veíamos un salto, nos poníamos cardiacos! En dos ocasiones también pudimos ver el lomo de dos grandes Arapaimas. A nuestra llegada al lago, una de nuestras grandes decepciones fue que ya no estaba permitido pescar libremente Arapaimas, sino que había que pagar 400 € por captura. Mejor dicho, si tenías una picada de Arapaima y la perdías durante la lucha, igualmente tenías que pagar los 400€. En mi vida había oído algo tan absurdo! El argumento para cobrar 400€, es que las Arapaimas son muy delicadas porque respiran a través de pulmones, si en uno de los saltos durante el combate sufre un golpe en la caja torácica o si durante su manipulación le aplastan los pulmones el pez muere. Si el precio de compra es superior a los 2000€, esta claro que el negocio no es rentable! La paradoja de toda esta historia es: que los pescadores que clavan por error una Arapaima, cortan la línea para no tener que pagar. El pez se lleva la línea con todo el aparejo y acaba enganchándose en un obstáculo. Al no poder subir a superficie para tomar aire, acaba muriendo por asfixia. Una triste historia!

 

Al anochecer optamos por poner una de las tres cañas al Chehow Phrya Catfish, una variedad de siluro depredador. El sistema utilizado es el mismo como si estuviéramos pescando al lucio con pez vivo, simplemente con un equipo mucho más potente. Como cebo utilizamos unas Tilapias de palmo pescadas previamente a corcho con miga de pan. No tuvimos ninguna picada aquella noche y al día siguiente ya no volvimos a intentarlo, no obstante adjuntamos una bella foto de este singular e interesante pez, probablemente un digno adversario.

Anochecía muy temprano, desde las 18h. hasta las 21h. pescábamos a la tenue luz de una farola. A las 19:30h. José tuvo un apasionante combate con un gran ejemplar de Mekong. Intento frenarlo para evitar que llegara a los obstáculos, pero la presión provocó que reventara el mosquetón. José estaba muy cabreado, es muy frustrante que se te escape un gran pez porque el equipo es demasiado flojo. A las 20h. se produjo otra picada, enseguida me di cuenta de que se trataba de un pez importante. En la primera carrera me sacó muchos metros de línea hasta que finalmente logré frenarlo. Como pude lo fui acercando a la orilla. Realizó varías carreras más, por suerte siempre en dirección al centro del lago. Al cabo de diez intensos minutos logre situarlo delante de mí, no se daba a la fuga pero tampoco me permitía subirlo a superficie. En varías ocasiones estuvo a punto de liarse con los postes, notaba como la línea rozaba constantemente con la madera y esperaba partir en cualquier momento. Me costo diez largos minutos más poder ensalabrarlo, cuando acabe estaba completamente sudado. A primera vista estaba claro que era bastante mas grande que los que habíamos pescado anteriormente. Nos dispusimos rápidamente a pesarlo, la basculo marcó un peso exacto de 31.5kg, al fin un ejemplar grande! La noche acabo con esta espectacular captura, contentos con los resultados de la jornada nos fuimos a dormir al hotel, ilusionados por lo que nos iba a deparar el siguiente día.

Día 16 diciembre, Siluros y Piraña.

Durante la cena de la noche anterior estuvimos hablando sobre la jornada de pesca y llegamos a la conclusión de que el material era demasiado liguero para poder sacar grandes ejemplares, sobre todo se quedaba floja la línea y los aparejos. El material era adecuado para llevar un combate en una zona sin obstáculos o donde no fuese necesario forzar demasiado, pero se quedaba corto para pescar en una zona con obstáculos o para poder frenar un ejemplar de tamaño. Ni cortos ni perezosos optamos por llevarnos nuestros propios carretes, unos Shimano Tekota 700 con un trenzado Rapala de 80 libras . También cogimos nuestros aparejos de mar, emerillones reforzados y anzuelos más resistentes de mayor tamaño. Cuando Neung nos vio sacar el material sonrió y dijo: “Españoles aprenden rápido”.

Si es que la cosa estaba más clara que el agua, la política del lago es que vayas al lago el mayor número de veces. Saben que con el material que te proporcionan las probabilidades de sacar un pez grande son bajas, de esta forma se aseguran que de vez en cuando salga algún ejemplar importante y que se mantenga vivo el interés. De todas modos el 95% de las personas que frecuentan el lago, se van satisfechos con las capturas realizadas y no llegan a plantearse estas cosas. Era domingo y se esperaba una afluencia masiva. Nuestro amigo Neung tuvo la genial idea de cambiar de caseta para que solo tuviéramos vecinos a un costado y no a ambos, así podíamos pescar más tranquilos sin preocuparnos de que nos molesten. La idea fue acertada puesto que a las 10 de la mañana el lago estaba a rebosar de pescadores, lanzando cruzado y montando alboroto, por suerte nuestros vecinos de la derecha eran bastantes tranquilos. A pesar de todo el alboroto la cosa pintaba bien, porque nada más llegar vimos saltar a nuestra derecha dos ejemplares de Siam de más de 15 kilos. Nos dimos toda la prisa que pudimos en montar los carretes y unos aparejos más resistentes. Antes de las 10h. teníamos lanzadas las cañas y fuimos a pagar por una caña extra para poder pescar con cuatro cañas. Pusimos dos cañas a la carpa de Siam, una cerca del poste izquierdo y la otra a unos 20 metros a la izquierda. Las otras dos cañas iban destinadas al siluro, las situamos a diferentes distancias y profundidades de nosotros. No tardamos en tener picadas de siluros Striped, con el material nuevo los peces salían con más facilidad y además te sentías mucho más seguro. Entorno a las 11h. Abel clavo un ejemplar fuerte y como de costumbre se fue directamente a buscar obstáculos. Abel apretó el freno y le metió presión, el pez se resistió un poco pero acabó cediendo. Al cabo de diez minutos lo teníamos delante de la caseta donde la intensa lucha continuó diez minutos más, hasta que el pez subió exhausto a la superficie. No era tan grande como esperábamos, por el duro combate pensábamos que pesaría unos 30 kilos, pero solo alcanzo los 24,5 kilos. El resto de la mañana fue un derroche de sudor y adrenalina, para divertirnos habíamos decidido forzar la maquina, si notábamos que el siluro era mediano, metíamos el freno a tope y no le dábamos tregua. Era un combate impresionante, fuerza bruta contra fuerza bruta, la verdad es que te dejaban los brazos y la espalda molidos.

 

A nuestra izquierda las Siam no paraban de saltar, algunas tenían muy buena talla. Durante el día tuvimos tres picadas en las cañas destinadas a la carpa que nos provocaron un gran sobresalto, por desgracia fueron siluros! . El afán por hacer el lago más interesante, provoco que hace algunos años repoblaran el lago con siluros. En la actualidad se estima que hay más de 45.000 siluros de más de 5 kilos, en cambio la población de carpas de Siam no supera los 50 ejemplares. La sobrepoblación ha propiciado que los siluros hayan cambiado sus hábitos alimenticios, tomando también el cebo para la carpa, tornándose así la captura de una Siam una empresa casi imposible.

A nuestra izquierda ocasionalmente hacía aparición una inmensa Arapaima de más de 2.5 metros . Asomando primeramente la cabeza y posteriormente todo el cuerpo, pudiéndose apreciar perfectamente su bello colorido de rojo intenso. Dos de nosotros siempre estábamos pendientes de las cañas, mientras el tercero aprovechaba el tiempo pescando al spinning. Intentábamos pescar un pez llamado Snakehead (cabeza de serpiente), hay muy pocos ejemplares en el lago y no estuvieron por la labor de picar. En cambio en uno de los lances, pico un bello ejemplar de Pacu. El Pacu tiene el aspecto de una piraña y es vegetariano, no obstante no pareció disgustarle nuestra cucharilla.

Poco después de anochecer tuvimos una buena picada y Abel fue el encargado de clavar el pez. Enseguida nos dimos cuenta de que se trataba de un buen ejemplar, a pesar de que el carrete tenía el freno bastante apretado no paraba de sacar línea. A principio solo huía lago adentro, hasta que cogió rumbo a la derecha. Abel le metió toda la presión que pudo, pero no fue capaz de hacerle cambiar de dirección. El pez acabo metido entre los postes de la tercera caseta a nuestra derecha, parecía el final de la lucha! Con mucha paciencia y tirando suavemente logro que saliera de entre los postes. Se monto un lío de cuidado porque todos los pescadores que estaban a nuestra derecha tuvieron que sacar las cañas del agua, por suerte es algo habitual y nadie se lo tomo a mal. Tardó 20 minutos en conseguir traerlo hasta nuestra caseta, donde la lucho continuó. No había forma de hacerlo subir a superficie, iba nadando por el fondo de izquierda a derecha y viceversa sin ceder un solo metro. En dos ocasiones se metió debajo de la caseta, rozando la línea con la madera de los postes una infinidad de veces, no partiéndose de puro milagro La caña estaba curvada al límite y por miedo a partir no tuvo más remedio que darle línea. Abel estaba sudando de lo lindo y el pez no parecía dispuesto a darse por vencido. La lucha delante de la caseta se prolongo por un espacio de tiempo de más de 15 minutos, hasta que finalmente logro que subiera a superficie y pudo ensalabrarlo. Un fantástico siluro del mekong que pesó 34.2kg, un bello y merecido trofeo.

Así finalizo la jornada y una inolvidable estancia en Tailandia.

 

 

 

Podrás encontrar más información en el Federpesca Nº141 de julio 2008