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Gran aventura Thailandia "Similan 2"

 

Tras un día de descanso en la localidad de Khao Lak, comenzamos esta última etapa de nuestro viaje con un optimismo relativo. El comienzo había sido catastrófico pero según transcurrían los días la situación fue mejorando. Debido a las falsas expectativas creadas por los guías locales, nos habíamos marcado unos objetivos demasiado altos, imposibles de cumplir debido a que la zona estaba esquilmada por la pesca abusiva de los pesqueros comerciales. No obstante no nos dimos por vencidos y estábamos dispuestos a luchar hasta el último momento. Hasta la fecha habíamos logrado capturar 6 especies de las 10 que veníamos buscando, unos resultados más que aceptables. El objetivo de estos tres últimos días era capturar un ejemplar algo más grande de las especies que ya habíamos pescado. Quedaba pendiente la pesca de un tiburón, pero habiendo tanta cantidad de peces pilotos huérfanos, las probabilidades eran muy bajas. Los Amberjack, muy parecidos a la Serviola , solo los conocían los más viejos del lugar y ya no recordaban cuando pescaron el último. Los famosos Giant Trevally de 10 a 15 que supuestamente eran muy abundantes en la zona, solo se veían grupos de ejemplares de 1 a 2kg. Incluso el capitán de nuestro que las probabilidades de pescar un pez espada eran muy bajas, el año anterior en más de 180 jornadas de pesca solo habían pescado 5 velas y 3 márlines, con estas palabras todo quedaba aclarado.

 

Día 11 diciembre, Maaaaaaaaaaaaarlin a la vista !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Tardamos varías horas en salir de la plataforma marina de 90 metros , por suerte tuvimos bastantes picadas de atún que nos mantuvieron entretenidos. Poco después de entrar en la zona de 260 metros tuvimos una picada en la caña que llevaba un pulpo artificial grande. Abel agarró la caña con fuerza y tomó asiento para el combate.

 

Era impresionante observar como la jampuga realizaba saltos de más de dos metros de altura y de más de diez metros de distancia. Esta vez parecía que la jampuga estaba bien clavada y que la línea aguantaba bien la tensión. La lucha fue muy emocionante y un espectáculo inolvidable. Al cabo de diez minutos la captura estaba a bordo, un impresionante macho de 12.7KG con un colorido verde – amarillo brillante. Abel al fin estaba feliz, no era tan grande como la que había perdido, pero ya era un buen ejemplar .A lo largo de la mañana pescamos algunas jampugas más, machos y hembras de diferentes tamaños y tonalidades. También salieron una buena cantidad de Rainbow Runner y de atunes, esta jornada los peces parecían estar muy animados.

 

 

Me encontraba durmiendo al sol en cubierta cuando me despertaron los gritos de Abel.

Maaaaaaaarlin!!!!!!!!!!!! Maaaaaarlin!!!!!!!!!!!!!! Maaaaaaarlin!!!!!!!!!!!!

Me gritó: Rápido, rápido, coge la caña que es un marlin!

 

 

 

 

 

Cuando agarré la caña y casi me voy por la borda porque el freno estaba bastante apretado. Mientras la tripulación preparaba la silla de combate, tuve que dejar la caña en sentido horizontal y apoyar mi pierna en el borde de la embarcación. Nunca antes había visto un pez sacando la línea a tanta velocidad de una bobina. A distancia se podía observar como el marlin en su intento de fuga daba grandes saltos y cortaba el agua con su aleta dorsal. Es difícil de calcular, pero en su primera fuga saco más de 1000 metros del carrete. Finalmente ralentizo la fuga y se sumergió en busca de profundidad, en aquel momento la sonda marcaba un fondo de 260 metros . Los siguientes diez minutos de lucha fueron los menos forzosos, por lo menos así es como lo recuerdo. El marlin se dejaba acercar a la embarcación con cierta facilidad y no presentaba excesiva resistencia. En aquellos momentos yo me sentía bien y tiraba con toda mi fuerza, pero recibí instrucciones del capitán para que no forzara tanto puesto que la línea tan solo era de 80lbs y podía partir bajo tanta presión. El utilizar líneas tan deportivas es bonito, pero con un pez de estas dimensiones es contra productivo. El esfuerzo realizado no se traduce en metros recuperados y supone un desgaste innecesario de energía, tanto para el pescador como para el pez. En las islas canarias hace tiempo que se dieron cuenta de este detalle y para evitar esta situación suelen utilizar líneas gruesas de 110 a 130lbs. Los 20 siguientes minutos fueron un tira y afloja, el marlin se dejaba traer con cierta facilidad para posteriormente realizar breves carreras de 10 segundos en las cuales me sacaba 50- 100 metros de línea, los que posteriormente me costaban recuperar 5 minutos. Nunca antes me había enfrentado a una fuerza igual, las palominas y otros peces grandes que he pescado anteriormente ahora me parecían juguetes. Al cabo de 30 minutos de combate comenzaba a acusar el esfuerzo, notaba los brazos muy cargados y estaba sudando de lo lindo, lo positivo era que había logrado situar el marlin debajo de la embarcación. Según la sonda el marlin se encontraba a una profundidad de 90 metros y venía cruzado. Los siguientes 10 minutos fueron un autentico suplicio, me estaba costando horrores recuperar un solo metro y el combate se me estaba haciendo eterno. El agotamiento era extremo, la tripulación tuvo que refrescarme y darme de beber en varias ocasiones. Era desesperante, en una ocasión le pregunte al capitán a que profundidad se encontraba el marlin, me dijo que a 30 metros cuando realmente todavía estaba a 60 metros . La contestación fue la adecuada, de haberme dicho la verdad hubiese hubieses tirado la toalla. Continué luchando, sacando fuerzas de flaquezas, pero cada minuto que transcurría notaba como se me agotaban las pilas. No entendía lo que estaba ocurriendo, el marlin no parecía tirar pero era prácticamente imposible cobrar línea. Los últimos diez minutos tan solo notaba una inmensa presión que solo me permitía aguantar y de vez en cuando recuperar un palmo de línea. Estaba a punto de abandonar cuando Abel grito: “Ya lo veo, ya lo veo”. En la superficie aprecio un inmenso marlin negro que flotaba lateralmente sin dar señales de vida. El marlin había muerto, probablemente por la larga duración del combate. Como puede averiguar posteriormente, cuando un pez muere la masa de agua provoca sobre él una presión cuatro veces superior a su peso y por esta razón me costó tanto subirlo a superficie. Entre todos lo subimos a la embarcación, medía 2,82cm y estaba bien comido. Aunque no tuvimos ocasión de pesarlo, el capitán le echó un peso aproximado de unos 160 kilos. Era un animal bellísimo y majestuoso, aunque yo no fui el culpable de su muerte, no me permitió disfrutar del todo su captura. Dicen que el 7 es el número de la suerte, por lo menos para nosotros lo fue, esta impresionante captura pasó a ser la 7 de nuestra lista de las 10 especies más buscadas en nuestra aventura en Tailandia.

José y Abel sabían que para pescar un marlin era un sueño y por esa razón decidieron que fuese yo el primero en sacar uno. Por ello, quiero expresarles desde aquí mi más sincero agradecimiento por haberme brindado esta inolvidable oportunidad.

Día 12 diciembre, el día de los Wahoos !

Aquel día decidimos no madrugar y aprovechar las horas de marea baja (no tan productivas) para dar una vuelta a todas las islas y disfrutar del paisaje. A las 12h. nos dimos un mega almuerzo al más puro estilo americano y con toda tranquilidad cogimos rumbo a la zona de los 260 metros . Cuando acabábamos de entrar en la zona de los 90 metros se produjo la primera picada sobre un Rapala Mágnum 30 Red Head . José clavó rápidamente y se dispuso a trabajar el pez. Por su velocidad y por la forma de cruzarse de un lado a otro debía de ser un Wahoo. El combate fue muy intenso y el resultado fue un buen ejemplar de 10.3kg

 

 

 

Durante la mañana pescamos media docena de Wahoos de diferentes tamaños, parecía que se habían puesto de acuerdo. A última hora incluso hicimos un doblete, ambos peces con pesos cercanos a los 10kg.

 

 

La gran sorpresa nocturna!

 

 

Al atardecer echamos el ancla cerca del puntal de la isla numero uno. Como pudimos comprobar durante nuestra sesión de inmersión en este puntal se genera una fortísima corriente que atrae a una gran cantidad de peces.

 

 

 

 

 

 

Después del baño José monto una caña de surfcasting con un Popper casero de color blanco con pegatinas metalizadas en los costados, cada Popper tiene un peso de 350gr. Estaba a punto de anochecer cuando tuvo una picada muy violenta. La cubierta de la proa estaba mojada por culpa de la humedad, como José iba descalzo no pudo frenarse con los pies y el pez lo arrastró hasta la barandilla. Cuando se pesca al GT en una zona rocosa, el freno tiene que estar muy apretado para no darle oportunidad de acercarse a las rocas. La fuerza de ese ejemplar era impresionante, debía de ser un ejemplar de más de 20kg. Dejé mi caña en el suelo y abracé a José por la cintura para que no se fuese por la borda. El pez estiraba como una locomotora, José lo estaba frenando como podía y Abel bromeando dijo: “Si se desclava el pez me pido ser el padrino”. Me entró tal ataque de risa que a punto estuve de soltar a José. Tardó más de diez minutos en poder acercarlo a la embarcación, cuando lo subió a bordo nos quedamos todos boquiabiertos. Esperábamos un ejemplar muy grande y delante de nosotros teníamos un pequeño GT que tan solo pesó 5.5kg. Solo puedo decir que si la fuerza esta en relación a su peso, sin duda nos encontrábamos ante el rey de los mares! La fuerza de este pez no se puede comparar con la de ningún otro, es una autentica bestia! Esta inesperada captura supuso para nosotros haber logrado el 80% de las expectativas de este viaje, un resultado que a mitad de viaje nos parecía imposible de alcanzar.

Aquella noche optamos por pescar a la deriva con globo, la corriente de agua era ideal para que el cebo se alejara de la embarcación. La profundidad era de 15 metros , así que montamos un bajo de alambre de un metro con un anzuelo del 6/0 y le pusimos un puente de cinco metros de nylon de un 1cm, como cebo utilizamos filetes de atún. A una distancia de 12 metros del cebo anudamos un globo bien hinchado directamente a la línea y dejábamos que el globo fuera a la deriva hasta que llegar a una distancia de 50 metros .

Estuvimos los tres pescando hasta las 23h., la mayoría de los peces eran pequeños, sobre todo peces aguja de 1 a 2kg. Poco antes de irnos a dormir José saco una aguja de 3.2kg con dientes de colorido azul, un bello ejemplar!

 

 

 

El único que se quedo despierto fue Abel que estaba picado porque se le había escapado un ejemplar de tamaño. A las 2h. me despertó y me hizo salir a la borda para enseñarme su reciente captura. Era un GT un poco más grande que el de José, pesó 6.5 kg . Abel nos había llamado para pedirnos ayuda, pero estábamos tan cansados que no oímos sus gritos. Nos contó que fue una picada rapidísima y que le había sacó mucha línea. El combate fue muy intenso, tanto, que para que no se lo llevara por la borda tuvo que sentarse.Esta repentina aparición de los GT´s nos animó a madrugar al día siguiente, era nuestro último día y no queríamos desaprovechar la ocasión.

 

 

Día 13 diciembre, GT´s, Jampugas y Delfines

 

El despertador sonó a las 5 de la mañana, medio zombis nos preparamos unos cafés bien cargados y montamos las cañas de surfcasting con un Popper casero de color naranja. Estábamos esperando a que saliera el primer rayo de luz para poder tentar a los GT´s con nuestros Poppers. Estuvimos lanzando durante más de 30 minutos pero solo tuvimos la picada de una pequeña Barracuda. José se puso a lanzar desde la popa y en su segundo lance clavó un pez grande. Por su forma de estirar no había ninguna duda de que trataba de un GT. Para no perder el equilibrio tuvo que colocarse la culata de la caña entre las piernas y tirar todo su peso corporal para atrás. El carrete estaba crujiendo, parecía que de un momento a otro fuera a echar humo. La caña estaba doblada al máximo y no estaba claro si iba a aguantar. José no podía cobrar ni un solo metro, con tal de aguantar el pez era más que suficiente. Tardó casi quince minutos en cansarlo, hasta que finalmente se dio por vencido y pudimos subirlo a bordo. Era un ejemplar bastante más grande y corpulento que los anteriores. Todos estábamos pendientes de la báscula que dio un peso exacto de 11.6kg. José estaba feliz por haber logrado sacar un ejemplar por encima de los 10kg

Continuamos intentándolo durante dos horas más, pero no obtuvimos ninguna picada más. Sobre las 10h. nos pusimos en marcha rumbo a Phuket cogiendo la famosa ruta de las boyas. Pasamos cerca de al menos siete boyas pero la actividad era nula. Estábamos en plena marea baja y como en los días anteriores durante este periodo de tiempo los peces están ausentes o inactivos. A las 15h. tuvimos una picada sobe un Rapala X-Rap Mágnum 30 Silver Blue Mackerel y por la forma de tirar parecía de buen tamaño. Esta vez era mi turno, lo aproveche bien y después de una bonita lucha subí a bordo un buen ejemplar de Wahoo de 11.4kg.

En el último tramo de nuestro viaje de retorno a Phuket el cielo se puso gris y comenzó a llover. Habíamos llegado al final de nuestro viaje y el tiempo estaba acorde a nuestro estado de ánimo, una extraña mezcla entre alegría y nostalgia. Nos encontrábamos descansando en el camarote, cuando Jonas nos llamó para que saliéramos a bordo. Un grupo de cinco delfines estaba escoltando nuestra embarcación. Observar los delfines de cerca fue una experiencia extraordinaria, una increíble sensación de libertad!