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Carp fever

Todos hemos pasado alguna vez por lo que podríamos llamar “la fiebre de la carpa”. Una “fiebre” que no es más que la obsesión por pescar un ejemplar gigante. Durante todo el día siempre pensamos en lo mismo, elaboramos nuevas estrategias y andamos organizando la próxima jornada con la ilusión de que sea nuestro gran día. Lamentablemente la gran mayoría de los días regresamos a casa con un bolo o con resultados “normales”. Pero con el paso del tiempo aprendes a no obsesionarte por esta meta e intentas darle un significado nuevo a lo que estas haciendo. Está claro que a nadie le amarga un dulce y que a todos nos gustaría pescar una “mega carpa”, pero muchas veces no está en nuestras manos. No todos tenemos la suerte de tener cerca un embalse con grandes especímenes, y aunque sea así tampoco significa que tengamos la suerte de que se decidan por nuestro cebo. La gran mayoría de nosotros sólo accedemos a embalses “normales”, donde solemos pasar la mayoría de nuestras jornadas, y debemos conformarnos con hacer algunas salidas al año a embalses legendarios en los que de verdad tenemos posibilidad de que nuestro sueño se haga realidad. ¡Pues de eso nada! El carp fishing es mucho más que pescar carpas grandes, es toda una filosofía y uno de sus retos es superar las dificultades. Ser un buen pescador no significa tener el record de tamaño en la provincia o de España, significa sacar el mejor provecho de tus posibilidades y pescar los ejemplares mas grandes en los embalses que tú frecuentas. A veces pescar una carpa de 9 kilos en “tu” embalse, tiene mucho más mérito por su dificultad que pescar una carpa de 14 kilos en Ribarroja. Este artículo va dedicado a todos los que estáis en esta situación, para haceros ver que hay muchas otras formas de entender esta modalidad de pesca.

Alternativas a la obsesión por el record absoluto

Desde hace algunos años me he planteado las cosas de otra forma. No me limito simplemente a clasificar las capturas por tamaños. Para darle mas aliciente, en primer lugar, lo que hago es clasificar las capturas por embalses, comparo mi propia progresión y mejora, después comparo mis resultados con los de otros pescadores, así sé si estoy haciendo las cosas bien y aprendo de mis errores. Otra forma interesante de ordenar las capturas es por variedades. Llevo un listado con carpas comunes, royales, lineales y carpas salvajes. Así cada vez que voy a pescar tengo motivación..., igual no supero mi record absoluto, pero bato mi record personal de carpa royal. Así lo hago con todas las especies, incluidas las diversas variedades de barbo.

El pasado

Voy a relatar una experiencia personal y de mis compañeros de Valencia para demostrar que a veces un pez mediano puede ser un gran trofeo y es digno de reconocimiento. A pesar de que la mayoría de nosotros hemos pescado bastantes carpas grandes, seguimos apreciando el reto que supone un ejemplar mediano en una zona poco propicia. Para poneros en precedentes, quiero decir que procedemos de la provincia de Valencia, donde es muy poco habitual conseguir grandes carpas. Llevamos bastantes años pescando en la provincia sin grandes resultados, principalmente porque nuestras aguas están repletas de carpas pequeñas, cosa que dificulta mucho la pesca, y por otro lado decir que la genética tampoco es buena. Por esa razón hace algunos años desistimos de continuar pescando en la provincia y en cuando teníamos posibilidad buscábamos nuestra suerte fuera de la provincia.

Carpas valencianas de ayer

En el año 1997 conseguí pescar mi primera carpa valenciana de 8 kilos en el río Júcar. Antes de ello estuve casi un año y medio probando suerte en diferentes embalses pero no conseguí pasar de los 5 kilos. En los años posteriores me olvidé por completo de Valencia y me dediqué a pescar en Ciudad Real y Jaén. En los años 1998-99, junto a mis amigos Gabriel y Pedro, continuamos buscando suerte sobre todo en el río Jucar. Los resultados mejoraron y pescamos bastantes carpas entre los 6 y los 7,5 kilos. Finalmente Pedro consiguió igualar mi marca de 8 kilos. Pero a pesar de la mejora, no parecía que las expectativas fueran muy grandes, así que volvimos a dejarlo de lado hasta diciembre de 2002.

La actualidad

Hoy en día las cosas han cambiado, volvemos a nuestros orígenes con varios años de experiencia y con el reto de superar todas estas dificultades. Esta vez decidimos cambiar de escenario y fuimos a probar suerte al río Turia. Los resultados fueron un poco mejores que en el Júcar: bastantes carpas de 7-7,5 kilos. El 23 de diciembre mi hijo de cinco años (con un poco de ayuda) pescó una carpa común de 8,5 kilos. Fuimos bastantes veces más pero no conseguimos ningún ejemplar superior. Después hemos probado en dos embalses más: en uno sacamos una royal de 6,5 kilos y en el otro una común de 6,8 kilos. ¡Esto no podía ser todo!

El embalse de las Grullas

En el año 2000 Gabriel estaba de ruta con intención de prospectar algunos embalses grandes cuando, por casualidad, se encontró con un pequeño embalse que no figuraba en ningún mapa. Es un pequeño reducto completamente cerrado de vegetación y con paredes muy escarpadas, no hay sitio ni para plantar una tienda. Tiene un pequeño azud y una capacidad máxima de sólo dos hectómetros cúbicos, las aguas son muy limpias y frías, la profundidad máxima ronda los seis metros, pero en la mayoría de las zonas es de sólo dos metros. Es un auténtico herbario, en primavera dos tercios de su superficie están cubiertos de algas de hasta tres metros, que llegan hasta la misma superficie. Tiene abundante alimentación, cangrejos, camarones e incluso almejas. No se puede pedir más.

Un “embalse” de sólo trece años

Por lo que hemos podido averiguar, el azud fue construido en el año 1987 en lo que anteriormente fue un pequeño río. Con tan sólo trece años en aquel entonces todavía era muy joven. Para que se cree vida en un embalse es muy poco tiempo. Los buenos embalses de medía tienen al menos veinticinco años, pero confiábamos que con la construcción del azud no lo hubiesen secado completamente y que algunos ejemplares del antiguo río, aunque no muy grandes, hubiesen sobrevivido. Durante el verano del mismo año, y en 2001, abrimos entre todos un puesto en la cola del embalse. Pasamos varios fines de semana pescando, pero nos dimos cuenta de que la actividad era prácticamente sólo nocturna, así que acabamos pescándolo únicamente por la noche. Casi siempre hacíamos “bolo”, así que optamos por pescar con maíz, pero aún así los resultados eran flojos.

La noche de las carpas..., pequeñas

En una noche teníamos como máximo una o dos capturas de peces rondando los cinco kilos. Una noche, pescando con Pedro, las carpas se volvieron locas y tuvimos hasta ocho picadas, con un balance de dos perdidas y seis ejemplares entre los cuatro y seis kilos, todas comunes con la excepción de una royal de 5,5 kilos. ¡Vaya decepción! Otro fracaso más en nuestra agenda. Después estuvimos cebando durante meses con diferentes tipos de boilies y preparando un puesto nuevo. Durante 2002 fuimos a pescar algunos fines de semana, sólo con boilie, pero no tuvimos ni una picada. Bueno..., ¡mentira! En una ocasión, pescando con Gabriel, una de las alarmas estaba muy floja de batería y sonaba a pato degollado, pero como nunca carpa picaba nos daba igual. A las tres de la mañana, ya recogiendo las cañas, nos dimos cuenta de que la caña con la alarma floja había fallado, la línea estaba completamente cruzada hacia la derecha y había sacados más de cien metros de la bobina. Salimos con la barca porque la línea estaba enganchada en el fondo, una vez situados sobre el enganche tiramos para intentar sacarla, hasta que finalmente el hilo se partió. Llegamos a la conclusión de que debía haber sido un ejemplar bastante grande, puesto que una carpa mediana no es capaz de sacar tantos metros de hilo arrastrando un plomo de cien gramos y atravesando una espesura tan extensa de algas y plantas acuáticas. Al margen de esta picada fantasma no volvimos a tener ninguna más. ¡Otra decepción!

Preguntas, preguntas, y más preguntas

Durante la primavera del 2003, durante el desove, finalmente conseguí ver algunos ejemplares cercanos a los 8 kilos. Pero ¿por qué nunca habíamos pescado ninguno de este tamaño? ¿Por qué eran las carpas tan reacias a tomar el cebo, incluso el maíz? ¿Por qué había tan poca actividad en superficie? ¿Por qué no saltaban las grandes? Un sinfín de preguntas sin respuesta. Pero algunas tenían su explicación: pescábamos en un embalse con mucho alimento natural y con una densidad baja de carpas de tamaño, eso estaba claro. Por otro lado, cuando hay exceso de alimento, es más difícil acostumbrar a las carpas a los boilies, pero no pescar más carpas y carpas pequeñas con maíz..., eso no tenía explicación. El maíz es el cebo más rápido y seguro en todos los embalses..., menos en éste. Finalmente conseguí motivarme un poco y armarme de valor, por lo menos sabía que las carpas estaban allí y donde hay de 8 pueden haber de casi 10 kilos, o más.

La receta “mágica”

En el mes de julio estuve dos noches pescando con todo tipo de cebos, técnicas y montajes, cebando con maíz-boilies y, por supuesto, pescando también con maíz, pero ni una sola picada. Por casualidad tuve la oportunidad de ir otra noche a pescar, pero fue muy precipitado así que no tuve oportunidad de preparar maíz. Busqué en mi armario boilies, la verdad es que andaba algo escaso y me encontré cuatro kilos de boilies viejos de crema, pero estaban bastante secos y desprendían poco aroma. Los metí en un cubo y les añadí medio litro de miel y un bote de caramelo para flan. Los dejé toda la noche en remojo y le dije a mi mujer que durante el día fuese removiendo el cubo para que todos los boilies cogiesen el aroma.

La última oportunidad

Fui a cebar el viernes por la tarde para pescar el sábado por la noche. En vez de pescar con los boilies de siempre, decidí guardar unos cuantos boilies con remojo casero para pescar con ellos. El sábado por la noche, sobre las once, estaba en compañía de mi amigo Pepe que no es pescador, charlando y tomando una cerveza..., cuando comenzó a sonar una alarma. Conseguí clavar la carpa e intenté traerla hacia mí, pero se me fue muy a la derecha bordeando el carrizo y quedando enganchada a unos cincuenta metros de mi puesto. Así que en mitad de la noche me toco ir bordeando el embalse, saltando por encima de las piedras y a través de las zarzas. Una vez encima de ella me pareció ver un hueco para bajar. Di un paso hacia adelante y caí al agua desde una altura de dos metros. Por suerte caí de pie y sin soltar la caña de la mano. Con el agua hasta el cuello la carpa continuaba clavada y tirando. Intenté sacarla desde esta posición pero al final se me desclavó. Pepe tuvo que ayudarme a salir con ayuda de su cinturón. ¡Qué mala suerte!, para una vez que tengo una buena captura va y se me escapa. Con lo que había visto, y calculando la fuerza, el pez debía estar por encima de los 8 kilos. Pepe se fue a su casa y yo a dormir. A las ocho de la mañana fue el mismo quien me despertó preguntándome: “Qué tal la noche?”. Mi respuesta: “tres mosquitos”. Nos pusimos a desayunar cuando de pronto sonó una de las alarmas, el hilo salía a gran velocidad de la bobina. Pegué un salto, agarré la caña y le di un buen cachete. La caña se curvó y, a pesar de tener el freno bastante apretado, seguía pidiendo hilo. Por suerte esta vez se fue en dirección al centro del embalse, y después de algunas fugas violentas conseguí meterla dentro de la sacadera. Enseguida me di cuenta de que estaba por encima de los 10 kilos, así que me apresuré a buscar la báscula. Silencio y tensión, la báscula tarada dio un peso exacto de 11,2 kilos (VER FOTOS), una preciosa carpa común. He tenido muchos momentos de grandes satisfacciones, pero sin duda éste era uno de los mejores. Por mi cabeza pasaron todas las noches de “bolos”, peces pequeños, mosquitos y accidentes…, ahora todas las penas quedaban olvidadas y por un momento era el hombre más feliz del mundo. No he tenido la oportunidad de volver y me he quedado con la duda de si fue el remojo, una jornada especial o Pepe que me trae suerte. Continúo igual de ilusionado que el primer día, quizás la próxima sea una bonita carpa royal. Buena pesca.

 

 

 

Podrás encontrar más información en el Federpesca Nº91 de mayo 2004