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Francia II "El retorno"

Habían transcurrido tres meses desde que regresamos de nuestra última expedición al sur de Francia. Teníamos muchas ganas de volver, pero el trabajo y otros compromisos nos impidieron hacerlo antes. En nuestra última salida conocimos a Laurant, un joven francés de descendencia española y gran aficionado a la caza. Laurant muy gentilmente se ofreció a cebarnos la gravera puesto que acostumbraba a cazar en esta zona. Todo estaba preparado para ir a pescar a mediados de septiembre, cuando por parte de Laurant recibimos la mala noticia que debido a las recientes lluvias, el nivel de agua de la gravera había subido tanto que las orillas estaban impracticables, así que no nos quedo más remedio que posponer la salida al mes de octubre esperando a que la situación mejorara. La situación no mejoró, y en octubre la gravera continuaba estando impracticable. Finalmente optamos por no cancelar el viaje y probar suerte en la gravera adyacente, situada a unos 600 metros de distancia en línea recta. La gravera era de pequeñas dimensiones y no llegaba a cubrir la mitad de la extensión que la gravera en la que habíamos pescado anteriormente. Nunca se sabe, pequeños frascos pueden contener grandes tesoros! Un par de semanas antes le envié a Laurant otros 30 kilos de bolies de Activ 8 de Mainline para que fuera cebando la gravera nueva. Llegamos al puesto de pesca el viernes por la noche. Llovía bastante fuerte y estábamos muy cansados, así que decidimos pasar la noche en el coche y montar el equipo por la mañana. Antes de irnos a dormir, con ayuda del Cobra hicimos un cebado disperso con 5 kilos de boilies. A pesar de la incomodidad de dormir sentados, nos quedamos profundamente dormidos.

Sábado

El día amaneció soleado y el cielo azul, el único vestigio de la tormenta era el suelo mojado. Tras desayunar nos asomamos a la gravera, y lo que vieron nuestros ojos no fue especialmente alentador. La gravera era mucho más pequeña de lo que recordábamos y sus aguas estaban bastante turbias. En fin, ya estábamos allí y no había vuelta atrás. Lo único positivo era que el acceso era sencillo debido a que uno de los campos colindantes daba directamente a la gravera. El agricultor había construido una pequeña senda para poder acceder a una bomba de agua que regaba el campo. A las 9h. el campamento estaba montado y nos dispusimos a lanzar nuestras cañas. No quedaban muchas alternativas, así que lanzamos dos cañas en paralelo a la orilla izquierda, otras dos en paralelo a la orilla derecha y tres al centro, no había espacio para más cañas. (En Francia están autorizadas tres cañas por pescador.) Los plomos se clavaban profundamente en el lodo y las líneas quedaban poco inclinadas, clara señal de que cubría poco. Como pudimos comprobar posteriormente, la profundidad máxima era de 3 metros en el centro y el resto del fondo oscilaba entre un metro y dos. La gravera no transmitía buenas vibraciones, no por su tamaño, sino por el excesivo lodo y la escasa profundidad. No tuvimos que esperar mucho para tener la primera picada, una royal de cinco kilos. Las picadas se repetían con una frecuencia aproximada de dos horas, con una medía de peso inferior a los 5 kilos y en estado bastante famélico. A la tarde cogí el coche para ver la gravera en la que habíamos pescado en primavera. Laurant tenía razón, era imposible pescar en ella. El nivel estaba tan alto que inundaba más de un metro las zarzas de las orillas y la vegetación estaba tan cerrada que era imposible abrir un espacio lo suficientemente grande para poder pescar. A mi regreso José estaba sonriente, habrían buenas noticias? Le grite desde arriba: Habéis pescado alguna grande? – Baja y verás un autentico monstruo! Cuando llegue abajo me acompañaron hasta el saco de retención. Estiré de la cuerda y el saco de retención subió a superficie. No parecía grande, más bien mediana. Puse el saco sobre la moqueta y me dispuse a abrirlo. Solo pude decir: “Dios mío”, no era para menos. Ante mis ojos estaba la carpa más amorfa que jamás había visto. Fea era decir poco, era un autentico monstruo. Tenía el torso muy pequeño, parecía que la cabeza estaba pegada a la cola. Ahora quedaba claro a que se debían tantas risas! Durante toda la mañana y la tarde solo salieron carpas pequeñas y medianas, la mas grande de 8 kilos.

Domingo

La noche y la mañana siguiente continuó con la misma dinámica, así que apenas pudimos dormir unas horas. Estaba echando una cabezadita cuando unos ladridos me despertaron. Era el perro de Laurant que venía por delante de su dueño. Laurant nos llevaba buscando durante más de dos horas hasta que finalmente nos encontró. Resultó ser que hubo un mal entendido por culpa del idioma. Laurant había cebado en otra gravera que nosotros no conocíamos. En el futuro tendré que mejorar mi francés!

Caña TPX de 3.5 lbs de JRC

Cogimos el coche para acercarnos a la nueva gravera que resulto estar a más de 3 kilómetros de distancia. Nos adentramos en una zona boscosa hasta que llegamos hasta el final de un camino forestal. Nos bajamos del coche y recorrimos unos 200 metros hasta llegar a la gravera. El lugar era precioso, completamente rodeado de árboles y de vegetación. Debido a la profundidad las aguas parecían oscuras, pero realmente eran muy limpias y muy frías. Enseguida me puse manos a la obra, hinche la barca y puse en marcha la sonda. Las orillas caían en picado hasta los 3 metros y continuaban bajando rápidamente a los 10 metros. La profundidad media estaba entre los 10 y los 12 metros, a excepción de dos grandes fosas, en una cubría 17 metros y en la otra 21.4 metros. Que barbaridad!!! El lugar tenía algo místico y especial, seguramente que con tanta profundidad y aguas tan frías la pesca sería complicada, no obstante estábamos ansiosos por lanzar las cañas. Entre mover los trastos de una gravera a otra, se nos hizo las 6 de la tarde. Quedaba poco para anochecer y no nos quedaba mucho tiempo, así que nos quedo más remedio que lanzar en dirección a la zona de los 12 metros. Donde caía el montaje cebábamos con ½ kilo de boilies con ayuda del cobra. Mientras tanto y aprovechando los últimos rayos de luz para terminar de montar el campamento. Casi siempre que pescamos en un lugar desconocido, comenzamos utilizando un bajo con un solo boilie de 18mm, en este caso de Activ 8 de Mainline.

Lunes

La noche fue sorprendente, no por el tamaño de los peces, sino por la diversidad de especies. En total pescamos 7 peces, una carpa royal de 7 kilos, 2 cachos de 3 kilos, una tenca de 2 kilos, 2 bremas de 2 kilos y 1 siluro de 5 kilos. Después de la primera noche la conclusión fue que abundaban peces de pequeño tamaño y que las carpas parecían más bien escasas. En consecuencia optamos por utilizar un bajo con Snowman, con la intención de evitar así las picadas de peces pequeños. Había llegado la hora de pescar en serio, así que decidimos sacar los cebos en barca para colocarlos estratégicamente y con exactitud. La elección del lugar donde depositar el montaje fue relativamente sencilla, puesto que hasta una profundidad de 12 metros el fondo estaba prácticamente cubierto por un espeso bosque de algas de hasta 3 metros de altura. Por suerte el puesto de pesca escogido nos permitía abarcar una zona muy amplia permitiéndonos pescar en casi todos los puntos interesantes de la gravera. Justo enfrente de nosotros a unos 80 metros de la orilla la profundidad media era de unos 12 metros, a excepción de una pequeña fosa donde cubría 14 metros, fue allí donde depositamos dos de nuestros montajes. A nuestra izquierda a unos 110 metros había una fosa grande con una profundidad de 17 metros, en ella depositamos tres montajes más. A nuestra derecha se encontraba el punto más profundo con 21.4 metros. Depositamos un montaje a 21 metros y otro a 19 metros. Hasta la fecha nunca había pescado a tanta profundidad, pero no perdíamos nada por probar. A nuestra izquierda sobresalía un pequeño puntal, sus orillas estaban limpias de algas así que presentamos un montaje a 4 metros de profundidad y el segundo a 6 metros de profundidad. Sobre cada montaje echamos un kilo de maíz y medio kilo de boilies. Cenamos y nos fuimos pronto a dormir esperando una noche con mucha actividad. Pero no fue así, solo tuvimos una picada en el puntal, una carpa royal de 5 kilos. La mañana continúo igual que la noche anterior, con una actividad prácticamente nula. A medio día decidimos sacar los cebos para comprobar su estado. Estaban perfectos y no mostraban señal alguna de existencia de cangrejos. Decidimos colocar los cebos donde estaban y volvimos a cebar la misma cantidad de grano y boilies. Por el tipo de aguas esperábamos tener dificultades, pero no tantas. Sobre las 6 de la tarde arranco la caña que estaba a 19 metros de profundidad, al cabo de unos minutos saque a superficie una royal de 6.5 kilos. No era nada espectacular, pero era la confirmación de que las carpas comen a profundidad. La gran mayoría de los pescadores son reacios a pescar a profundidad, porque piensan que las carpas prefrieren las zonas de menos calado. Hasta la fecha yo también evitaba hacerlo, de hecho nunca había pescado a más de 15 metros de profundidad. Una hora más tarde tuvimos otra picada en la misma caña, esta vez fue Abel el que saco la carpa, otra royal de la misma talla. Parecía que un grupo de carpas medianas se había metido en la fosa. A las 20:30h se produjo una picada en la caña que estaba a mayor profundidad. José la clavo y se dispuso a sacarla. Por la forma de tirar parecía más grande que las anteriores, esta vez no se dejaba traer a la orilla. Cuando llegó a la barrera de algas se metió de cabeza en ellas y no quería salir, así que Abel y José tuvieron que salir a buscarla en barca. La carpa se había metido entre las algas y no quería salir. Cuando un ejemplar grande esta metido entre algas, no es conveniente forzar demasiado puesto que corremos el riesgo de que la línea rompa por un nudo o que el pez se desgarre si no va bien clavado. Por esta razón lo que se suele hacer es estirar con fuerza pero controladamente, después se destensa y se espera un poco. Cuando el pez deja de notar presión, normalmente sale de las algas por si solo. Es entonces cuando deberemos retomar la lucha intentando evitar que vuelva a meterse otra vez. Con toda seguridad estuvieron fuera más de media hora. Regresaron sonrientes con una bella royal de 17.7kg. A pesar de todas las dificultades, ya no regresábamos a casa sin trofeo. Parecía que el cebado comenzaba a hacer efecto y con algo de suerte no iba a ser la primera ni la última.

Martes

Sobre las 2 de la mañana comenzó a sonar la alarma del cebo situado a 14 metros de profundidad. José la clavo y salimos en barca a por ella. Como era de esperar se fue directamente en dirección a las algas. Mientras José trataba de subirla a superficie, oímos a Abel que nos gritaba desde la orilla. Acababan de picar en el cebo situado a 17 metros de profundidad. Como la carpa de José no quería salir de las algas, abrimos el carrete y regresamos a la orilla. José se bajo y Abel se subió a la barca y nos situamos justo encima de ella. Abel comenzó a bombear hacía arriba, pero la carpa no estaba por la labor de subir. A diferencia de las otras veces, esta vez no estaba metida entre las algas, sino que se desplazaba lentamente por el fondo. No era necesario intercambiar palabras, porque ambos éramos conscientes de que se trataba de un ejemplar de gran tamaño. Al cabo de veinte minutos finalmente consiguió subirla a superficie y la introdujo rápidamente en la sacadera. Cuando la alumbramos con el frontal nos quedamos sin palabras, era una enorme carpa royal que parecía rebasar los 25 kilos. Regresamos a la orilla y volvimos a hacer un intercambio de pescadores. Me sentía como un gondolero de Venecia! La carpa de José se había liberado de las algas y nadaba libremente, así que no le costo excesivamente sacarla. Una vez en la orilla, nos dispusimos a pesar rápidamente la carpa de José. Una hermosa royal de 16.8kg. Abel ya había introducido su carpa en el saco de retención, pero no pudimos resistir la tentación de sacarla para pesarla. Me toco pesarla, así que para darle más emoción comencé a levantar el saco poco a poco. La báscula marcaba 20 kilos, y eso que la carpa todavía estaba apoyada en la moqueta. Una vez en el aire la báscula todavía oscilo un poco hasta que se estabilizo en 23.2kg. La oscuridad y la morfología de la carpa nos habían engañado en la estimación del peso, aún así se trataba de un ejemplar extraordinario. Abel en los últimos meses había puesto el listón muy alto, en junio con su record personal de 23.8kg de carpa común y ahora su nuevo record de 23.2kg carpa royal. A las 5 de la mañana la alarma del cebo situado a 17 metros sonó brevemente y paro. A intervalos de diez minutos hacía lo mismo, hasta que finalmente decidí levantarme y darle un tirón. Pensaba que se trataba de un pez pequeño que no podía arrastrar el plomo. Pero no fue así, cuando la carpa sintió el acero comenzó a tirar, y de que manera! Comenzó a sacar hilo del carrete sin permitirme apretar el freno y sin cambiar de dirección. José ya estaba preparado para salir con la barca, así que me subí y nos fuimos directamente a buscarla antes de que se metiera entre las algas. La carpa se había cruzado de izquierda a derecha y se encontraba nadando por el fondo de la zona mas profunda. Todo parecía indicar que era de la quinta de la carpa de Abel, porque nadaba tranquilamente por el fondo y no cedía ante la presión. Por un instante incluso llegué a pensar que se trataba de un siluro. A pesar de que la caña TPX de 3.5 lbs de JRC es muy potente y bastante rígida, estaba completamente curvada. Con mucha paciencia conseguí que se fuera cansara. Cada vez que se encontraba cerca de la superficie daba un fuerte coletazo y se volvía a sumergir. Una de las veces logre verla, se trataba de un ejemplar grande de carpa royal, muy gruesa y alarga. En una situación así es difícil no ponerse nervioso, pero conseguí mantener la calma y subirla a superficie. Antes de que se diera de nuevo a la fuga la introduje rápidamente en la sacadera. Una vez en la orilla, procedimos a realizar el ritual del pesaje. Todos estábamos en silencio observando atentamente como se iluminaban los números de la báscula digital. 20…,21,22,23,24….hasta que se estabilizo en 24.3kg. La felicidad era completa, porque la expedición había salido mucho mejor de lo esperado. Además de haber realizado unas estupendas capturas, había batido mi record personal y mi record de carpa royal. Aunque siempre que salimos de pesca lo hacemos con toda la ilusión del mundo y con las mejores perspectivas, a menudo los resultados no acompañan. El día amaneció nublado y con fuertes rachas de viento helado. A los peces el cambio de tiempo no parecía gustarles y durante todo el día solo tuvimos una picada .

Miércoles

A las 3 de la madrugada me despertaron los pitidos de la alarma del cebo situado a 14 metros de profundidad, pero antes de que pudiese levantarme dejo de sonar. Como hacía una noche de perros, me quede acostado con el pensamiento de que mañana sería otro día. El pensamiento no me duro más de 5 minutos, puesto que la alarma volvió a sonar. Me arme de fuerza y salí del saco caliente para clavar la pieza. Por la fuerza con la que tiraba parecía de buen tamaño, así que no nos quedó más remedio que salir a por ella. Abel se puso al mando de la barca y salimos a por ella. Cuando nos colocamos sobre ella ya era tarde, se había metido entre las algas y no quería salir. El aire soplaba gélido y nosotros íbamos en manga corta! Estuve más de cinco minutos metiéndole presión hasta que finalmente conseguí que saliera de entre las algas. Se fue a aguas abiertas, nadando lentamente por el fondo y sin ceder un metro. Estábamos completamente helados y la carpa continuaba paseándonos por la gravera sin hacer ademán de subir a superficie. Aun corriendo el riesgo de perderla, decidí aumentar la presión. La decisión fue acertada y al cabo de unos minutos comencé a notar que la carpa iba perdiendo fuerza hasta que finalmente conseguí subirla a superficie. Para poder ensalabrarla tuvimos que alumbrarla brevemente, pudiendo distinguir que se trataba de una gran carpa común, la primera común de toda la sesión. Abel la subió a bordo de la barca y la introdujo en la moqueta de recepción. Era mucho más grande de lo que en un principio parecía dentro del agua, no solo por su longitud, sino por su altura y sobre todo por su impresionante diámetro. Una vez en la orilla, no perdimos ni un instante para comenzar con el ritual del pesaje. Mientras introducíamos la carpa en el saco de pesaje, comenzamos a especular sobre su peso, Abel y yo nos debatíamos entre los 22 y los 24 kilos y José sin dudarlo un instante apostó por los 26 kilos. Aún recuerdo que le dije: “ No te pases!” y el me contesto: “ ya verás, ya verás, que esta muy maciza y engaña”. Los dígitos de la bascula comenzaron a subir 21,22,23,24…..ERROR! José tenía razón, puesto que ERROR significaba que la carpa superaba los 25 kilos. Como no llevábamos una báscula de más kilos, decidimos estirar del gancho y tararla en -2 kilos. Continuamos con el ritual, levantando la carpa lentamente de la moqueta. Quedaba poco para no tocar suelo y la báscula marcaba 21 kilos y subiendo...22, 23, 23.5, 23.8 hasta que se estabilizo en 23.6kg. Descontando los 400gr del saco de pesaje, significaba que la carpa pesaba exactamente 25.2kg! Un sueño se había hecho realidad, después de 11 años practicando el carpfishing, finalmente había conseguido sobrepasar la mítica barrera de los 25 kilos. Recreándonos en lo vivido y haciendo planes para el futuro, el largo viaje de regreso a casa se nos hizo hasta corto. Estamos ilusionados por regresar, esperando que sea en breve. Eso si, la próxima vez no nos olvidaremos de llevar una báscula de más kilos,….porque nunca se sabe lo que pueden albergar estas aguas!

Bonne peche!

 

 

Un més mas tarde realizamos un viaje relampago de solo tres días. Los resultados generales fueron regulares puesto que no pescamos ninguna carpa por encima de los 12 kilos con la única excepción de esta impresionante royal de 26.2kg. Este ejemplar supone mi record personal de carpa royal. El cebo utilizado fue un montaje doble de 18mm de Activ 8.

 

 

 

 

 

Podrás encontrar más información en el Federpesca Nº128 de junio 2007