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La palomina

 

Sacando el cebo a remo

Por fin ha llegado el tan ansiado mes de mayo, el inicio de la temporada de pesca de la palomina. Tras un largo tiempo de espera de casi 6 meses, durante los cuales estos peces se ausentan por completo de nuestras costas, finalmente en el mes de mayo las primeras palominas vuelven a surcar nuestro litoral. Con bastante suerte y mucho sacrificio, quizás en alguna de nuestras innumerables e incansables jornadas de pesca, tengamos la oportunidad de tener en nuestras manos tan preciado trofeo. La pesca del palomina desde costa es una modalidad de pesca que cada año gana mas adeptos. Una vez que consigamos tener la primera picada y hayamos podido disfrutar tan sola una vez de su gran compatibilidad, potencia y lucha sin igual, difícilmente nos podremos desenganchar de este vicio. Para algunos la dificultad que supone obtener una picada les provoca desánimo, pero a otros dicha dificultad se convierte en un reto que no les permite dejar de insistir hasta volver a tener la oportunidad de batirse con ella. Todas estas circunstancias convierten a la palomina en uno de los trofeos mas cotizados y apreciados de la pesca deportivo desde costa.

 

La Palomina o el Palometón ( Lichia amia)

La palomina pertenece a la familia de los carángidos. Dentro de esta familia existen muchas variedades, algunos fáciles de distinguir como pez testudo (Selene comer). Otros son difíciles de distinguir entre si a simple vista, como el Caesiomorus amia, un neófito no los podría distinguir hasta que no alcanzan su tamaño adulto, donde se reconoce claramente un colorido diferente. De todos ellos la Palomina (Lichia amia) es el que mayor tamaño alcanza, por lo general los ejemplares adultos sobrepasan el metro y medio de longitud y alcanzan pesos de hasta 35 kilos, siendo la hembra mayor que el macho. Se han capturado algunos ejemplares únicos que superaban el metro ochenta de longitud con un peso por encima de los 50 kilos, unos auténticos monstruos. La palomina es un pez pelágico migránte, es un perfecto nadador y esta considerado como uno de los grandes depredadores del mediterráneo. Tiene el cuerpo muy comprimido y la cabeza alta y cónica. Los ojos son bastante pequeños en proporción al tamaño del cuerpo y están provistos de una protección formada por una especie de membrana adiposa. La aleta caudal es fuerte y arqueada, típica de los nadadores veloces y esta provista de 6 puntas espinosas grandes unidas entre si. Por lo contrario, las aletas ventrales y pectorales, están poco desarrolladas. El dorso es negruzco con reflejos verdosos, los costados son de color gris – plateado ( en época de freza presentan un colorido brillante azulado), y la parte de abajo del vientre blanca. Se caracterizan por una curiosa línea lateral en forma de S, que comienza por encima de la aleta pectoral, sube hasta el lomo y baja hasta la cola. Por de debajo de la línea tiene unos puntos negros muy característicos. Las pinchos de las aletas dorsales, caudales y anales son de color negro. Los ejemplares de tamaño siempre se desplazan en pareja, a menudo cuando clavamos un ejemplar y lo acercamos hasta la orilla, a menudo podemos observar como la pareja lo acompaña prácticamente hasta la misma orilla. En las parejas formadas la hembra siempre es la de mayor tamaño. A pesar de su tamaño su boca no es demasiado grande, lo que nos indica que mas bien se alimenta de peces pequeños y medianos que nadan en grupos y no de ejemplares grandes. Su mandíbula es muy potente y ambas partes están dotadas de miles de dientes pequeños que en su tacto se asemejan al papel de lija grueso. Cuando vienen con la ancoreta tragada y la tenemos que desclavar, debemos de intentar evitar el roce de sus dientes con nuestras manos y brazos. Desconocemos la razón pero los micro arañazos que se producen por el roce con los dientes te escuecen durante horas. El interior de la boca de la palometa es de carne muy blanda y si forzamos mucho al pez en su fuga o durante el combate, muy probable acabe desclavándose.

Épocas de pesca y localización.

La pesca de la palomina desde orilla ya no es ni la sombra de lo que fue hace algunas décadas, no obstante de vez en cuando todavía tenemos el privilegio de poder pescar uno de estos estupendos ejemplares. Para tener una mínima posibilidad de realizar una captura, es de vital importancia conocer las costumbres de estos peces; donde y cuando. Durante la primavera y el verano es cuando mas se aproximan a las costas, incluso a veces si es necesario, penetra en aguas dulces como las desembocaduras de los grandes ríos para dar caza a sus presas. Durante estas épocas suele ir desplazarse paralelamente a la línea costera, constante en movimiento buscando alimento. Los mejores lugares para su localización son las salidas de agua dulce al mar, como puedan ser desembocaduras o incluso acequias. En estas zonas se amontonan lo que denominamos peces pasto, que no son mas que cardúmenes de peces pequeños en busca de micro alimento que baja con la corriente de agua. En valencia tenemos muchos lugares que reúnen estas características, desde la propia desembocadura del río Turia en Pinedo hasta la marjal de Xeraco. Todos los años se capturan bastantes ejemplares de buen tamaño en esta franja costera, siendo ya legendarias las capturas realizadas en la gola del Saler y en la gola del Perelló. La palomina es una de las especies marinas más difíciles de pescar, debido a que la climatología influye notablemente en su comportamiento. Cambios del estado de la mar, como temporales, la calma chicha ,etc..,afectan mucho su comportamiento y los desplazamientos que realizan en busca de sus presas. La época de pesca normal esta comprendida entre el mes de mayo hasta finales del mes de octubre. Algunos años si el invierno ha sido suave se puede comenzar su pesca incluso en el mes de abril. Generalmente tanto en este mes, como en el mes de mayo los resultados no suelen ser demasiado buenos. Se producen muy pocas picadas, eso si, lo positivo es que los ejemplares suelen ser más grandes, entre los 18kg y los 21kg. A partir de junio se realizan mas capturas, pero el tamaño de los ejemplares es menor, normalmente entre los 6 y los 12 kilos, manteniéndose esta tónica hasta mediados de julio. El resto de julio y agosto, no son tan propicios, el menor número de capturas no es debido a que no haya abundancia de palometas, sino porque durante esta época los peces encuentran exceso de comida natural, siendo así más difícil tentarlas con su cebo natural. Dependiendo del año, los mejores resultados se suelen tener desde mediados de septiembre hasta finales de octubre, en estos meses se capturan los ejemplares de mayor tamaño. Normalmente después de estas fechas, debido a la bajada de las temperaturas y la migración de las palometas hacia las costas africanas, ya se hace muy difícil conseguir una captura. En los años en los que el otoño es benigno con temperaturas suaves, incluso podemos tentarlas hasta mediados de diciembre. En estos últimos meses tenemos que estar mentalizados que con una probabilidad de casi un 100% vamos a hacer porra en todas las jornadas. Eso si, si comienza a sonar la carraca de nuestro carrete, debéis estar bien preparados porque con toda seguridad será un ejemplar muy grande, de los que no se va a andar con bromas.

El estado de la mar .

Las mejores jornadas de pesca suelen darse en los días previos a un temporal, antes de que la mar comience a estar agitada y en los dos días posteriores al temporal. Evidentemente, es prácticamente imposible saber cuando se van a dar los requisitos óptimos, y que además en estos días tengamos tiempo para ir a pescar. Para acertar al máximo solemos estar atentos a las previsiones meteorológicas y si nos es posible nos acercamos todos los días a la mar para observar como evoluciona. Las fechas previas al temporal los peces están especialmente activos buscando alimento para poder aguantar unos días sin comer. Una vez pasado el temporal regresan a la costa con un hambre voraz y van barriendo el litoral en busca de alimento. Durante la temporada de pesca normal, lo mejor es que la mar este con un oleaje y con un viento moderado, es preferible que el viento sople de de Levante. Las jornadas con agua brava o de calma chicha, no suelen ser muy productivas. En los meses de octubre y noviembre el estado de la mar no es muy relevante, incluso se pueden producir picadas en los días de calma chicha.

Sacando el cebo a remo .

Dependiendo del escenario de pesca, bien podemos pescar directamente desde la playa o optar por pescar desde una escollera. La ventaja de pescar desde una escollera es que podemos ganarle algunos metros al mar, pudiendo así sacar el cebo a más distancia de la orilla. Esta forma de pesca consiste en transportar los cebos vivos mar adentro. Es mejor realizar esta pesca con la ayuda de un compañero.

 

 

 

 

 

 

Mientras uno controla la caña desde la orilla y da las instrucciones de dirección y distancia, el otro con la ayuda de una pequeña embarcación saca los cebos mar adentro a la zona de pesca elegida. La distancia de pesca desde la orilla variara según la profundidad a la que queramos pescar (entre 3 y 6 metros ) o de las características del fondo. Lo mas habitual en verano es pescar a una distancia entre los 250 y los 300 metros . En otoño-invierno se pesca mas cerca de la orilla, a unos 100 -150 metros de la orilla. Cunado comienza a hacer frío las palominas se aproximan mucho más a la orilla, obligadas por la escasez de alimentos mar adentro. En algunas ocasiones, incluso llegan a quedarse varadas en la arena por unos segundos, van tan ciegas detrás de los peces pasto que no se dan cuenta de la escasa profundidad. El equipo de pesca utilizado es bastante básico. Para ello primeramente necesitaremos unas cañas bastante potentes. La longitud de las cañas utilizadas suele oscilar entre los 4.20 metros y los 5 metros .

Dependiendo desde donde pesquemos, utilizaremos unas o otras. Las cañas mas largas son más apropiadas para pescar desde escollera, así podremos conseguir un mayor ángulo. Para pescar desde playa es más frecuente pescar con cañas mas cortas. Es fundamental que las cañas tengan potencia, lo recordable son cañas con una acción que oscile entre los 250 gramos y los 350 gramos . Es recomendable el uso de cañas enchufábles de tres tramos, las cañas telescópicas también sirven pero se estropean mucho antes debido al salitre y a la arena que en la acción de plegarlas y desplegarlas las deterioran mucho. Lo mas importante del equipo es tener un buen carrete, el tipo de carrete que utilicemos variara según el sistema de pesca que vayamos a utilizar.

 

 

Para la pesca a distancia donde no es necesario lanzar, sino que se saca el cebo, el carrete mas frecuentemente utilizado es el de altura de tamaño medio con bobina giratoria como por ejemplo un PENN 114 SENATOR del 6/0 con una capacidad de línea de unos 500 metros de un 0.70mm. Son carretes que tienen una gran capacidad de línea gruesa, que a bien seguro necesitaremos cuando clavemos una pieza de tamaño.

 

 

 

La línea madre utilizada suele variar entre un 0.60mm y un 0.80mm de diámetro. Personalmente suele utilizar un 0.70mm de diámetro, por dos razones: para ganar mas metros en la bobina y porque utilizando líneas menos gruesas la presión del oleaje sobre la caña y el cebo será menor, evitando así que se desplacen. Las plomadas que se gastan son grandes, en verano de 500 gr y en invierno hasta de un kilo. Los bajos de nylon utilizados son gruesos, su diámetro oscila entre 1mm y 1.60 mm con una longitud de 1.5 a 2 metros . El mas frecuentemente utilizado es el de 1.40mm, valido tanto para aguantar la fuerza de una palomina de tamaño o para poder aguantar la cortante dentadura de una Anjova ( Dorado).

 

 

 

 

 

 

 

Montaremos el bajo con dos ancoretas acordes al tamaño del cebo, la primera ancoreta la pondremos en el labio superior y la segunda en el lomo a la altura de la aleta dorsal. Las ancoretas no deben de clavarse muy profundas, de lo contrario le ocasionaríamos una muerte rápida al pez. No es recomendable el uso de anzuelos ya que la palometa no traga sino chupa el cebo. Utilizando ancoretas es mas fácil que se calve alguna al tragar o al intentar escupir el cebo al notar el acero.

 

 

 

 

 

 

RELATO: “Una jornada en el Saler”

Desde hace varios años durante los meses buenos, se ha puesto imposible coger un puesto en el Saler, sobre todo los fines de semana. Esta zona es muy buena, todos los años se pescan bastantes ejemplares hasta los 15 kilos y ocasionalmente ejemplares por encima de los 20 kilos. Cuando el trabajo nos lo permite nos cogemos un día libre entre semana para poder pescar allí. Acababa de pasar un temporal muy fuerte llevaba azotando la costa durante cinco días y estaba comenzando a remitir, nos hubiese gustado esperar un día o dos más para ir a pescar pero el trabajo no nos lo permitía. Así que el martes por la madrugada a las 6h. ya estábamos en la desembocadura del canal pescando mújoles con masilla. Soplaba un aire gélido del norte, la actividad en superficie era prácticamente nula y no se oía el tan típico salto de los mujoles. A las 6:30h solo habíamos tenido una picada y no conseguimos sacarla. Cargados con el equipo liguero nos íbamos desplazando en dirección a las compuertas de la albufera. Cada 15 minutos cambiábamos de puesto, con una distancia de 200 metros entre puesto y puesto. No había actividad alguna y estábamos ya desesperados, tanto madrugar para después no conseguir ni cebo. Poco antes de amanecer Daniel cogió el coche y se fue a ocupar los puestos. Ya muy cerca de las compuertas y después de amanecer finalmente conseguimos pescar tres mujoles de tamaño adecuado. Aunque íbamos a pescar con cuatro cañas, con lo tarde que se nos había hecho, decidimos darnos por conformes. Eran las 8h cuando llegamos a la orilla, la mar estaba muy picada, algunas rachas de olas llegaban casi a los 3 metros de altura. No había nadie! Normal, a que persona normal se le ocurriría e salir con este tiempo de perros. Estuvimos a punto de desistir pero finalmente José que es bueno remando, se armo de valor y decido salir. Se puso el vadeador y encima el chaleco salvavidas y se subió a la mini barca hinchable Servilor de 2.10 metros . Lo más dificultoso fue entrar los primeros 50 metros donde rompían las olas, después ya era algo más fácil. Cada vez que venían un grupo de olas más grandes José desaparecía en el horizonte. Al cuarto de hora ya estaba de vuelta, había depositado el cebo a unos 250 metros de la orilla. Cogió el segundo cebo y se volvió a meter mar adentro, el aire soplaba cada vez más fuerte y cada vez el oleaje era más fuerte. Esta vez saco el cebo a 150 metros , desde la orilla ya no lo podíamos ver. A su regreso nos contó que las olas cada vez eran mas altas y que le parecía divertido como las olas le hacían bajar y subir. Entre risas reconoció que estaba algo preocupado porque algunas olas comenzaban a romper mar adentro, esto significa que si te pilla la cresta de una ola tienes mucho riesgo de volcar. Nos faltaba sacar una de las líneas a uno de los puntos estratégicos a 250 metros . La mar continuaba brava y José no se atrevía ya a salir porque debido a la ligereza de la barca y a su poco peso corporal, las olas le zarandeaban demasiado. Hacia falta lastre pesado! Quien mejor que Daniel con su peso pluma de 95kilos! Después de pensárselo un poco finalmente se decidió a acompañar a José. Al principio las primeras olas grandes les parecieron divertidas, cada vez que venia un grupo de olas Daniel se estiraba a lo largo de la barca para estabilizarla. Mas tarde se les fue la risa cuando pillaron dos olas cercanas a los 4.5 metros , que estuvieron a punto de volcarlos. Por suerte consiguieron llegar a la orilla, bastante pálidos y arrepentidos de la locura. A veces la pasión no te deja ver el peligro!

Estamos pescando con plomos de casi un kilo, aún así las olas y la corriente arrastraban los plomos de un sitio a otro con asombrosa ligereza. Por suerte estábamos completamente solos y las cañas estaban bien separadas entre si, de lo contrario se hubiese montado un lío increíble. Cada diez minutos teníamos que levantarnos a tensar o destensar las líneas, era prácticamente imposible pescar en estas condiciones. Estábamos acurrucados detrás de las dunas para protegernos del aire y de vez en cuando nos asomábamos a echarle un vistazo a las cañas. En una de las ocasiones José se dio cuenta de que una de las cañas estaba muy destensada y bajo a arreglarlo. Apretó el freno para poder recoger hilo. Había recogido casi 50 cincuenta metros, cuando de repente la línea se tenso y comenzó a tirar a lo bestia mar adentro. La caña se arqueo, José para evitar que la línea se partiera por la tensión tuvo que meterse vestido en el agua hasta que pudo abrir el freno, el agua ya le había llegado por encima de la cintura. El pez tiraba como una locomotora y no paraba de sacar hilo, al menos había sacado 100 metros de la bobina en su primera fuga hasta que comenzó a pararse un poco. Estábamos bastante nerviosos, porque nunca habíamos pescado con la mar tan brava y realmente no contábamos con una picada, con una fuga tan potente bien podía tratarse de un verderol grande. José poco a poco y con mucho esfuerzo al fin consiguió ganarle metros de línea. El pez no cedía mucho y comenzó a nadar de izquierda a derecha con el riesgo de liarse con las otras líneas, así que Daniel y yo rápidamente nos pusimos a recoger las otras líneas. Al cabo de media hora de tira y afloja, el pez ya estaba a unos 80 metros de la orilla. Cada vez que José conseguía acercarlo a esta distancia, el pez se ponía nervioso y volvía a tirar mar adentro, quizás por el roce con el fondo. Finalmente dejo de prestar resistencia y se dejo arrastrar hasta la orilla. Nos quitamos los pantalones para poder clavarlo con el gancho y sacarla hasta la orilla. Ante nosotros teníamos una enorme palomina con un tono de piel muy brillante. Enseguida cogimos la bascula para pesarla, la levantamos y sorpresa! La bascula de 22kilos por muy poco se quedaba corta. Recogimos los trastos y nos fuimos a casa de Daniel a pesarla, casi 23 kilos! Al margen del tamaño y de la lucha de esta pieza, fue una de nuestras mejores jornadas de pesca. Quizás debido a las dificultades que habíamos pasado y a las condiciones atmosféricas tan extremas. En fin, el esfuerzo y la perseverancia tuvieron su merecido premio.

 

Pez corrido:

En el artículo anterior hicimos una breve introducción sobre esta fascinante especie, os hablamos sobre sus hábitos y sobre su pesca sacando el cebo a remo. A continuación os contaremos muchas más cosas interesantes sobre este magnifico depredador que levanta tantas pasiones.

El cebo.

La palomina se alimenta principalmente de mújoles, de bogas, de jurel, de agujas, calamares y todo tipo de peces pequeños y medianos que encuentran a su paso. A pesar de su gran envergadura el tamaño de su cabeza y de su boca no son grandes, por esta razón el tamaño de las presas que eligen tampoco lo son. Por esta razón es recomendable no utilizar cebos de más de 35 cm , un cebo grande no supone una captura grande como lo es en el caso de la pesca del verderol. Es muy importante que el pez este vivo y en continuo movimiento, si esta muerto o inmóvil la palomina no le prestara atención. La dificultad de esta pesca comienza por encontrar el cebo, para ello lo primero que tenemos que hacer es pegarnos un buen madrugón para pescar primero el cebo, que debe estar bien fresco y coleando. A menudo conseguir el pez cebo del tamaño adecuado nos puede llevar horas, sobre todo a principios de temporada y a finales cuando las temperaturas del agua son mas bajas. Durante esta época es más difícil pescar peces pequeños, los cuales no tienen costumbre de acercarse a la costa hasta el medio día cuando hace más calor. Por desgracia nuestra ya es demasiado tarde y no podemos esperar tanto, porque nosotros queremos comenzar a pescar la palomina desde primera hora de la mañana y aprovechar todo el día.

Los cebos clásicos:

Las tres especies mas frecuentemente utilizadas como pez cebo son los mujoles, el aspet o espetón y el Jurel. Esto no significa que otras especies no sean igualmente validas, simplemente que según la época del año que nos encontremos, son los más fáciles de conseguir.

El mujol : Es el cebo mas frecuentemente utilizado porque es la especie mas abundante y la única que se queda de la costa durante todo el año. Se suele pescar a veleta utilizando cañas de inglesa o de cup, como cebo utilizaremos masilla de pan o harina mezclada con agua. En el pero de los casos, si no se nos da bien la pesca, como plan de emergencia siempre nos queda la posibilidad de acudir a los abuelos que hay pescando en los canales y en las desembocaduras. Ellos casi siempre están dispuestos a vendernos un ejemplar por el precio módico de un Euro.

El espetón : Sobre todo en verano es un cebo fácil de conseguir. Según el año, entre el mes de junio y agosto se acumulan gran cantidad de estos peces en las desembocaduras, tanto para alimentarse de peces menores como para reproducirse. Con la ayuda de una caña de Spinning y un pequeño Rapala no nos será muy difícil pescar algunos, es un cebo bastante frágil y delicado, pero sin duda uno de los mejores.

El Jurel : Es un cebo extraordinario, relativamente fácil de pescar y presente casi todo el año. La forma más fácil de pescarlo es con ayuda de un buldo y una pequeña anguila verde de vinilo. Estos peces son un excelente cebo debido a su gran vitalidad que los hace estar en constante movimiento. Es un pez delicado y se desgarra con facilidad, un buen truco para que esto no suceda, es simplemente anudar la ancoreta del bajo a la cola. Así no tendremos que clavarlo y se mantendrá más tiempo con vida

La picada y el combate.

La picada no siempre se produce la picada del mismo modo, a veces es muy cuidadosa, otras veces muy violenta y en otras ocasiones se producen retro picadas. La picada más cuidadosa normalmente es debido a su forma de alimentarse, la palomina no tiene por costumbre atacar a sus presas como lo hace el verderol o la anjova, que muerde o traga su presa de un solo bocado y después salen a la fuga. La palomina en su primer ataque suele meterse la presa en la boca, después estira de ella para quitarle las escamas y la vuelve a escupir antes de tragársela definitivamente. Si estamos pescando cerca de la orilla percibiremos claramente este primer ataque, pero a gran distancia no notaremos nada o solo un pequeño tirón que apenas sacara unos metros de línea de nuestras bobinas. Muchos pescadores cometen el error de estirar en el primer momento que se produce un movimiento, con la consecuencia de que no consiguen clavarlas. Si nos precipitamos y estiramos demasiado pronto, nos pueden pasar dos cosas. La primera es que todavía no haya tragado su presa y que simplemente la lleva en la boca, si estiramos en este momento se la sacaremos de la boca sin clavarla. La otra posibilidad es que estiremos justo después de que escupa su presa y no le demos tiempo a efectuar su segundo ataque. La otra forma de picada es la violenta, que se puede traducir en dos formas: una es una huida rápida y la otra es una retro picada en la que la línea se destensa por completo. Parece ser que la picada violenta no es la forma habitual de ataque y que solamente se produce cuando hay competencia por el alimento. Normalmente son peces extremadamente cuidadosos a la hora de tomar el cebo y lo escupen en el momento que detectan una mínima anomalía. En cambio cuando van en pareja o en grupo, posiblemente por temor a que otro individuo se les adelante, se abalanzan sobre la presa sin tomar precauciones y salen a la fuga. En el caso de que se produzca una arrancada muy violenta, el pez huirá velozmente mar adentro y en cuestión de poco tiempo nos sacara muchos metros de línea de la bobina sin que nosotros podamos hacer algo para frenarla. Debemos de dejarle línea y tener paciencia, pretender frenarla en seco es un error que suele acabar en una ruptura de línea o un desgarramiento del pez. Es suficiente con mantenerla en tensión hasta que comience a cansarse, es entonces cuando realmente comienza el duro combate en el cual con mucho esfuerzo y poco a poco iremos recuperando metros de línea. Cuando nos enfrentamos a ejemplares que superan los 20 kilos debemos de saber suministrar bien nuestras fuerzas. A menudo la lucha puede durar más de una hora y la palomina también sabe reservarse su fuerza. El combate en líneas generales tiene varias fases, la primera fase es la de la fuga violenta, después según de donde venga clavada opondrá mayor o menor resistencia, si le duele se dejara traer con mayor facilidad. Cuando el pez se encuentra a distancias superiores a cien metros no percibiremos las sensaciones del mismo modo. Un fuerte tirón a menudo solo lo percibimos en la orilla como un leve tirón, debido a la flexibilidad de la línea. A menudo se quedan en posición cruzada, cuando son ejemplares grandes nos puede llegar a dar la sensación de que se han quedado enrocadas en el fondo porque no te permiten recoger ni un metro de línea. Algunas veces nadan en paralelo, esto solo es un inconveniente si hay obstáculos o pescadores a nuestro costado con los que podemos enredar las líneas. Tampoco debemos de olvidar el clásico susto, cuando recogiendo de repente la línea se queda destensada y pensamos que el pez se ha soltado. En este caso lo que debemos de hacer es recoger rápidamente para retomar el contacto con el pez, lo más probable es que simplemente se haya acercado a la orilla a gran velocidad.

Los últimos 100 metros posiblemente sean los mas arriesgados e intensos. A esta distancia es cunado realmente podremos sentir la potencia de nuestro contrincante, cuando mas cerca de nosotros se encuentre, mayores serán las sensaciones. En la mayoría de los casos después del primer combate la palomina se deja acercar con relativa facilidad a la orilla, durante todo este tiempo esta reservando fuerzas. Algunos ejemplares no son conscientes de lo que realmente les esta sucediendo y no reaccionan hasta que se encuentran a 50- 80 metros de nosotros. Es entonces, cuando les entra el pánico, cuando por primera vez nos demuestran su fuerza y su poder. Es como una inmensa explosión de energía! De repente se produce un enorme remolino de agua y podréis ver como unos potentes coletazos rompen la superficie del agua. En este momento procurad tener la caña bien cogida y el freno aflojado, porque de lo contrario se partirá la línea, la caña ó os iréis de cabeza al agua. La palomina saldrá mar adentro como una locomotora, esta será su última fuga para salvar su vida y podéis estar seguros que la venderá muy cara. Si aguantáis esta última fuga casi seguro que la captura es vuestra. Cada vez que pescamos uno de estos bellos ejemplares nos invade una mezcla de alegría y de tristeza, en el no solo lo vemos un simple pez, sino un digno contrincante por el cual sentimos un inmenso respeto y admiración.

Sin duda, para nosotros la Palomina es la “Reina de nuestras costas”.

 

Nunca debemos de olvidar que es esta modalidad de pesca es muy dura y extrema, y que las únicas herramientas de trabajo con las que contamos es con nuestro material de pesca y nuestro físico. Durante el combate deberemos realizar un gran esfuerzo físico, haciendo uso de nuestro peso corporal, la fuerza de nuestros brazos y nuestra espalda. Para la amortiguación de las fugas deberemos poner en juego nuestras rodillas y nuestra cadera. Del todo resto se deberá encargar nuestra mente, que siempre debe de estar tranquila y dispuesta a tomar decisiones importantes en décimas de segundos para prevenirnos de posibles peligros y tomar siempre la decisión adecuada.

Técnicas de pesca.

Pescando a pez corrido .

Esta modalidad de pesca es mucho más cómoda que la pesca sacando cebo a remo, al no tener que entrar al agua. Si queremos pescar a pez corrido, lo único que tenemos que hacer es encontrar una escollera o un espigón donde la caída al fondo sea brusca, entre los 3 y los 6 metros de profundidad. El tipo de caña mas apropiado es de unos 5 metros , que sean potentes y con una acción entre 250 a 350 gramos . Para pescar a pez corrido utilizaremos un carrete de bobina fija de grandes dimensiones, que tenga una gran capacidad de línea. La línea mas frecuentemente utilizada es de un 0.50mm o de un 0.60mm, en un carrete grande nos pueden caber hasta 250 metros de un 0.60mm. Si gastamos una línea menos gruesa, tendremos dos ventajas, podremos lanzar a mayor distancia y evitaremos así que la línea se salga involuntariamente del carrete como suele suceder cuando utilizamos líneas más gruesas. Las líneas gruesas son muy rígidas y tienen mucha memoria, siendo frecuente que se nos hagan moños o se nos lié la línea en la puntera. La desventaja de pescar con líneas menos gruesas es que son menos resistentes, pero si no forzamos al pez en su fuga y después lo sabemos trabajar bien, son más que suficientes. Pescando más fino, realmente solo deberemos tener cuidado cuando el pez ya se encuentre cerca de las rocas, es allí donde correremos el mayor riesgo de que la línea se corte debido al fricción con las mismas. Para no llevarnos ningún disgusto en el último momento, es conveniente agotar al pez por completo antes de acercarlo a lo orilla. Al final de la línea madre colocaremos un quita vueltas al que uniremos una plomada de baríllas fijas de un peso de 200-300gr. El bajo lo montaremos con una línea de un grosor de 1.20mm y una longitud de 30 a 40 centímetros . En un extremo ataremos un quitavueltas muy resistente y en el otro extremo montaremos dos ancoretas que posteriormente nos servirán para clavar el pez cebo.

Presentación del cebo :

Primeramente haremos un lance potente intentando llegar lo más lejos posible. Una vez que el plomo haya tocado fondo, recogeremos lentamente hasta que este quede anclado. A continuación conectaremos el quitavueltas del bajo a la línea madre, de tal forma que el pez cebo quede colgando. En el momento que lo soltemos se deslizara hacia abajo a modo de tirolína hasta llegar a la superficie del agua. Una vez en contacto con el agua, el pez podrá nadar libremente a lo largo de toda la longitud de la línea sumergida .

 

 

RELATO:” Una jornada en el Perelló.”

El pasado miércoles me quede con muy mal sabor de poca, cuando delante de mis narices, se me escapo la palomina más grande que había conseguido clavar hasta la fecha. Aquel día, tuve una picada muy fuerte justo a la hora en la que salen todos los pesqueros. No era la primera vez que perdía una captura por culpa de una barca que con las hélices de su motor me cortaba la línea. Había un trafico de barcas impresionante, así que para evitar la perdida, me decidí por intentar sacarla desde mi barca hinchable de 2.10m, era la primera vez que lo hacia! Me subí a la barca con mi hermano, la palomina no paraba de tirar y nos alejo casi dos kilómetros de la orilla, hasta que finalmente conseguí subirla a superficie. Era un ejemplar gigantesco, media al menos 1.70 metros y parecía tan largo como la barca. Por experiencia, le calculo un peso entre los 35kg y los 40 kilos. Me puse bastante nervioso porque mi record personal estaba en 24 kilos y hasta aquel momento nunca había tenido una lucha con un ejemplar tan grande. La palomina estaba prácticamente agotada e iba nadando junto a la barca. El problema era que se mantenía un poco alejada de nosotros y no alcanzábamos para clavarle el gancho. En algunos momentos podría haberla acercarlo mas, pero preferí mantener una distancia de seguridad, para evitar el roce con la barca. Si una de las ancoretas nos hubiese rajado la barca a tanta distancia de la orilla, nos hubiésemos encontrado en una situación de gran peligro. En una de las ocasiones en las que el pez estaba a la distancia adecuada José intento clavarlo varias veces con el gancho. El gancho no conseguía penetrarla, era demasiado pequeño y además estaba demasiado poco afilado, la carne era demasiado dura y nos fue imposible clavarla . Una de las clavadas le produjo dolor y dio un enorme coletazo, se descavo y desapareció en el fondo. Me quede amargado, nunca había estado tan cerca de capturar un ejemplar de este tamaño. Por suerte la mar estaba tranquila y después de media hora de remar llegamos exhaustos a la orilla. Por mi carácter los disgustos se me pasan rápido, no me gusta pensar que era la Palomina de mi vida, todo lo contrario, se que si soy constante tarde o temprano conseguiré pescar un ejemplar de este tamaño o mayor . El mismo día le conté a mi amigo Daniel lo sucedido y le propuse volver a ir el viernes. Ni cortos ni perezosos allí estábamos a pie de orilla a las 6:30h de la madrugada del viernes. Daniel saco de su maletero un fusil de submarinismo y con la sonrisa en la boca dijo: “Lo del miércoles no volverá a suceder”. La mar estaba como una balsa de aceite, el agua azul turquesa y soplaba un agradable aire de poniente. José se puso a pescar con un buldo y con un anguilón verde de vinilo. Al cabo de media hora teníamos media docena de jureles de los palmeros en el rejón. Aunque a pez corrido no es necesario sacar la línea en barca, nosotros lo solemos hacer, aunque sea para depositar el cebo a 40 metros . Así siempre estamos seguros de que la presentación del pez cebo es perfecta y que no se ha desgarrado en el lance.

A las 9h nos encontrábamos desayunando cuando una de las carracas comenzó a sonar, rápidamente corrí a coger la caña y le pegue un buen cachete. Enseguida me di cuenta de que se trataba de un buen ejemplar, porque a pesar que el carrete estaba bastante apretado no paraba de sacar línea. En un par de minutos se había ido al menos 150 metros mar adentro, sin darme una oportunidad a poder frenarla. Aprovechando que la mar estaba tan calmada, me decidí a intentar sacarla desde barca. No era necesario salir en barca, puesto que no habían pesqueros en al zona. Las sensaciones vividas el miércoles me habían gustado y además me había quedado con ganas de sacar un ejemplar desde barca. Daniel cogió o el fusil y se subió conmigo a la barca. Entre la fuerza del pez y el poniente de espalda, nos fuimos rápidamente mar adentro. Sin darnos cuenta de pronto nos encontrábamos a más de 2 kilómetros de la orilla, las casas en la costa se veían diminutas en el horizonte. Al cabo de aproximadamente media hora, al fin conseguimos situarnos encima de ella, pero no se dejaba subir a superficie. Estuvimos al menos otros 10 minutos intentando subirla a superficie, pero se resistía. Algunas veces veíamos en la profundidad una gran mancha plateada, sin duda era un buen ejemplar. Solo era cuestión de paciencia, sin obstáculos, no merecía la pena forzarla con el riesgo de que se desclave. Finalmente subió a superficie y ZASSS, la flecha del fusil la atravesó como mantequilla. Como pudimos la subimos a la barca, podéis imaginaros el aspecto de dos personas con un enorme pez, una caña y un fusil en una barca de goma de 2.10 metros a más 3 kilómetros de la orilla? Una locura. Con paciencia comenzamos a remar, por suerte nos cruzamos con un pequeño pesquero que amablemente se ofreció a remolcarnos hasta la orilla. Debieron pensar que estábamos locos, tan alejados de la costa, cargados hasta arriba en una barca de juguete y tan felices. Cuando nos encontrábamos a unos 300 metros de la orilla nos dimos cuenta que José había clavado otra pieza y estaba gritando como un loco. Le pedimos a la barca remolque que acelerara un poco. Nos dejo a 50 metros de la escollera para no dañarse con el fondo de roca. Los metros restantes los remamos nosotros, descargamos rápidamente los trastos y nos fuimos a ayudar a José. José estaba muy nervioso, llevaba 20 minutos aguantando la pieza y por delante de el navegaban tres pesqueros y la línea que sujetaba el pez pasaba justo por medio.

Para evitar las hélices, se había estaba situado en lo alto de una roca y tenia la puntera de la caña sumergida 2 metros en el agua. El panorama estaba muy mal, José obligadamente se decidió a meterse también con la barca. Así que me subí con el y nos fuimos mar adentro. Estábamos rodeados de embarcaciones que hacían caso omiso a nuestros gritos pidiéndoles que cambiaran su curso o que pararan. En dos ocasiones llegamos incluso a sentir como la línea rozaba el casco de las embarcaciones, pero por suerte la línea no se engancho con la hélice. Milagrosamente conseguimos pasar entre todas las barcas y el pez continuaba luchando. A toda costa teníamos que conseguir sacarlo, nunca antes habíamos conseguido hacer un doblete. En dos ocasiones estuvimos a punto de conseguirlo, pero por una razón o por otra siempre habíamos perdido una de las piezas. Por la fuerza con la que tiraba parecía un buen ejemplar de la misma quinta que el anterior. Sin darnos cuenta, otra vez nos había arrastrado mar adentro. Este ejemplar presento una lucha muy parecida al primero. Una vez que conseguimos colocarnos por encima de el dejó de huir, pero tampoco quería dejarse subir a la superficie. El poniente cada vez soplaba más fuerte y nos alejaba cada vez más de la costa, así que José decidió apretar el freno a tope y arriesgarse. La caña crujía y parecía estar a punto de partirse, al cabo de 5 minutos de lucha sin tregua la palomina subió a superficie. Era la primera vez que disparaba con fusil, pero no dude en apuntarle a la cabeza y disparar. El disparo fue certero y la atravesó a la altura de las agallas, dejándola petrificada. La palomina era del mismo tamaño que la anterior, pero parecía algo más gruesa. El regreso a remo fue una autentica odisea, cuando finalmente tocamos suelo firme nos tumbamos en las rocas para descansar, estábamos completamente exhaustos. Los brazos nos temblaban y nos dolía la espalda, así que Daniel tuvo que encargarse de levantar los peces para pesarlos.

Comenzamos con el pescado del ejemplar más delgado, la báscula marco “ 26 kilos” exactos. Alucinante!!!!, era nuestro nuevo record personal y todavía faltaba el segundo. Todos estábamos en absoluto silencio cuando Daniel levanto el segundo ejemplar, los brazos le temblaban y la aguja de la bascula también, hasta que se estabilizo en un increíble peso de 28.5 kilos. Estábamos muy felices, no solo habíamos batido dos veces el record, sino además habíamos conseguido por primera vez hacer doblete, un magnifico doblete de dos piezas de mas de 25 kilos. La perdida del monstruo del pasado miércoles estaba completamente olvidada, además estoy seguro de que en un futuro próximo tendremos la oportunidad de tener un mega Palomina en nuestros brazos.

 

 

 

 

Podrás encontrar más información en el FederMar Nº25 de abril del 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

Podrás encontrar más información en el FederMar Nº26 de mayo del 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

Podrás encontrar más información en el FederMar Nº31 de octubre del 2005